BRENTANO QUARTET Reseña de Patrick Alfaya

BRENTANO QUARTET

Patrick Alfaya, asesor artístico do Enclave de Cámara

Somos lo que llevamos con nosotros. Esta frase ilustra brevemente la herencia cultural europea en los Estados Unidos. La emigración europea a las colonias británicas, que después de la Revolución de 1779 se convertirían en los EEUU, arrastró consigo la cultura europea. Y, cómo no, parte de ésta era la música y la formación musical (compositores como Dvorak hicieron carrera en América a sueldo de una burguesía enriquecida que quería disfrutar de los placeres de su continente de origen: Europa).

En las dos costas de los EEUU, sobre todo en la atlántica, desde hace siglos que se ha desarrollado una fuerte vida musical de raíces europeas que sobre todo en el siglo XX adquirió carácter propio con compositores como Copland. Pero no sólo fue la composición la que adquirió personalidad propia, también lo ha hecho la educación musical y la interpretación. En la educación musical hay una institución estadounidense que gracias a su prestigio suena más que ninguna otra: The Juilliard School. La “Juiliard” es toda una institución a ambos lados del Atlántico, habiendo sido escuela de insignes músicos como es Yo-Yo Ma, Itzhak Perlman, Wynton Marsalis, o Sarah Chang entre otros, por no hablar de los actores Kevin Spacey o Val Kilmer, así como de muchos músicos que pueblan nuestras orquestas.

El Cuarteto Brentano, que nos acompañará en el próximo miércoles 15 de enero en Enclave de Cámara en el Teatro Principal, es arte y parte en esta institución ya que varios de sus componentes se han educado y/o dan clase en ella. Y la Juilliard junto a otras escuelas musicales americanas ha sido clave a la hora de contribuir a crear una escuela americana de interpretación.

Una escuela que se caracteriza por su forma de abordar la tradición, no rompiendo los vínculos con esta pero si emancipándose sin perder de vista el origen, haciendo que sus interpretaciones suenen libres del peso de la mencionada tradición. ¿Mejor? ¿Peor? Desde mi punto de vista ni lo uno ni lo otro, pero sí diferente, y la diferencia es riqueza (por mucho que unos cuantos se empeñen vehementemente en decir lo contrario), por lo que les recomiendo que escuchen este otro Mozart, y este otro Beethoven. Igual de interesantes que siempre, pero con un algo que lo hace diverso.

Qué disfruten de una velada americana.

Reseña publicada no Diario La Región (Ourense) o 15/01/20